El médico genetista me preguntó:
—¿Se sometió a algún tratamiento de fertilidad?
Capítulo 3
El médico genetista me preguntó:
—¿Se sometió a algún tratamiento de fertilidad?
—No.
—¿Inseminación?
—No.
—¿Fecundación in vitro?
—No.
Entonces recordé algo.
Dos años antes.
Una cirugía menor.
Habíamos intentado embarazarnos durante casi un año.
Evan insistió en que fuéramos a una clínica privada de fertilidad propiedad de un amigo suyo.
Yo tuve estudios.
Extracción de óvulos “preventiva”, según él.
Después decidimos detener el proceso porque quedé embarazada de forma natural meses más tarde.
O eso creí.
La clínica se llamaba Vail Reproductive Center.
Vail.
Marcus Vail.
Sentí que me iba a desmayar.
Francine palideció.
—No manches.
Solicitamos registros.
La clínica inicialmente dijo que no existían.
Después que se habían perdido por una migración de sistema.
La Fiscalía consiguió una orden.
Los registros aparecieron.
Mis óvulos habían sido almacenados.
Uno había sido fecundado.
Sin mi autorización válida.
Y había sido transferido a mi útero durante un procedimiento que me dijeron era una biopsia endometrial.
Yo había estado sedada.
El embarazo había comenzado
ahí.
No semanas después.
Me habían mentido sobre mis fechas.
Pero aún faltaba lo peor.
El donante de esperma no era anónimo.
Era Marcus.
Me quedé viendo el informe sin comprender.
—¿Marcus es…?
Francine cerró los ojos.
—Biológicamente.
Vomité en el lavabo.
Después me senté en el piso.
Noah lloraba en su moisés.
Lo cargué.
No sentí rechazo.
Ni por un segundo.
Era mi hijo.
Mi bebé.
Pero mi cuerpo temblaba de rabia.
—¿Por qué?
Esa pregunta nos llevó al dinero.
Evan y Marcus habían fundado Reed-Vail Capital ocho años atrás.
Su empresa parecía exitosa.
No lo era.
Debía cientos de millones de pesos.
Habían usado inversiones de clientes para cubrir pérdidas anteriores.
Una estructura a punto de colapsar.
Pero existía un fideicomiso.
El padre de Marcus, un magnate farmacéutico llamado Leonard Vail, había dejado una fortuna protegida para “el primer descendiente biológico de Marcus nacido dentro de una unión
familiar reconocida”.
Una cláusula absurda.
Vieja.
Redactada décadas atrás.
Marcus no podía tener hijos legalmente reconocidos sin perder el control de otras participaciones empresariales debido a un pleito sucesorio con sus hermanos.
Entonces encontraron una solución monstruosa.
Yo.
Evan necesitaba dinero.
Marcus necesitaba un heredero.
Y ambos necesitaban una madre que pareciera legalmente casada, estable durante el embarazo y después suficientemente “inestable” para perder la custodia.
Planeaban que Evan apareciera como padre en el acta.
Después, una vez obtenida la tutela, iniciarían discretamente una impugnación de paternidad.
Marcus reconocería a Noah.
El fideicomiso se activaría.
Y Claudia administraría temporalmente parte de los fondos mediante una sociedad familiar.
Vanessa sabía.
No sólo sabía.
Era contadora de Reed-Vail Capital.
Y la pulsera que llevaba en el tribunal no era un trofeo amoroso.
Era pago.
El broche en forma de hoja ocultaba una pequeña memoria cifrada.
Mi pulsera.
Yo se la había dejado
en Polanco cuando salí de casa.
Vanessa la tomó porque dentro escondió copias de las cuentas.
Eso lo supe cuando ella apareció cuatro días después.
Llegó al despacho de Francine a las seis de la mañana.
Sin maquillaje.
Con la misma pulsera.
—No tuve una relación con Evan —dijo.
Yo casi me reí.
—¿En serio?
—Quería que pensaras eso.
—Llevabas mi pulsera.
—Para que Claudia creyera que estaba de su lado.
—Dormías en mi casa.
—Porque revisaba sus archivos.
No le creí.
Hasta que puso la pulsera sobre la mesa.
—Ábrela.
Francine encontró el mecanismo.
Dentro había una microtarjeta.
Estados financieros.
Correos.
Contratos.
Y una grabación.
Habitación 412.
Pero desde otro punto.
Vanessa había estado en el hospital.
Oculta en el pasillo.
Grabó a Teresa hablando con Marcus antes de entrar.
La voz de Marcus decía:
—Necesitamos un episodio documentado antes del parto.
Teresa:
—¿Y si no reacciona?
—Entonces haz que reaccione.
—¿Con qué?
—Lo suficiente para que parezca desorientada.
Después la voz de Evan:
—No le hagan daño al bebé.
Marcus respondió:
**—El bebé es lo único que necesitamos intacto.**
Capítulo completado
Has llegado al final de este capítulo.
Seguir leyendo
Más mundos en los que perderte después de este capítulo.