Nadie se movió.
Capítulo 5
Nadie se movió.
El gimnasio, lleno de cientos de personas, se sintió de repente demasiado pequeño.
Miré el documento otra vez.
La firma estaba al final de la página.
No reconocía el nombre.
Pero sí reconocía el puesto.
*Consejero estudiantil.*
“¿Quién ocupa ese puesto ahora?”” pregunté.
Bennett palideció.
“Ya no.””
“¿Quién era?””
“Richard Cole.””
Gabriel negó.
“No.””
Todos volteamos hacia él.
“¿Qué?””
Gabriel señaló la firma.
“Ese no es Richard Cole.””
Bennett se acercó.
Tomó el documento.
Lo examinó.
Después miró a Diane.
“¿Dónde conseguiste esto?””
“Estaba en la caja.””
“Esto no estaba en la caja cuando sellamos el archivo.””
Gabriel habló:
“Porque yo lo puse ahí.””
Diane se volvió hacia él.
“¿Qué?””
“Hace diez años.””
Bennett levantó la mirada.
“¿Tú entraste al archivo?””
“Sí.””
“Eso era propiedad de la escuela.””
Gabriel soltó una sonrisa amarga.
“Después de todo lo que hicieron, ¿eso es lo que te preocupa?””
Marcus tomó el documento.
“Hay
una fecha.””
Señaló la esquina.
Yo me acerqué.
La fecha era de tres meses después de mi nacimiento.
“Mi mamá todavía estaba viva.””
Gabriel asintió.
“Exacto.””
“Entonces ¿por qué firmaron esto?””
“Porque alguien quería construir una historia.””
“¿Qué historia?””
Gabriel me miró.
“La historia de que yo era un hombre peligroso que había abandonado a su hija.””
Sentí un nudo en la garganta.
“¿Y no era cierto?””
“No.””
“¿Nunca me abandonaste?””
“Jamás.””
Lo miré durante varios segundos.
Había imaginado ese momento de tantas maneras.
En mis fantasías infantiles, él llegaba con los brazos abiertos.
En mis pesadillas, me miraba y preguntaba quién era yo.
Pero ahora que estaba frente a mí, no sabía qué hacer con mis manos.
No sabía si abrazarlo.
No sabía si odiarlo.
No sabía cómo se podía extrañar a alguien que apenas acababas de conocer.
Gabriel extendió una mano.
No me tocó.
Solo la dejó ahí.
“Yo tengo tus fotos.””
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
“¿Qué?””
“Todos los años.””
Sacó su teléfono.
Abrió una carpeta.
Había una fotografía de mí en un festival escolar.
Otra frente a una biblioteca.
Otra en mi graduación de secundaria.
Otra de mí entrando a la universidad.
Otra de mí el día que conseguí mi primer trabajo.
Me quedé helada.
“¿Cómo…?””
“Las conseguí como pude.””
“¿Me estabas siguiendo?””
“No.””
Su voz se quebró.
“Te observaba desde lejos cuando podía, pero nunca me acerqué porque prometí no ponerte en peligro.””
Diane soltó:
“Eso es mentira.””
Gabriel se volvió hacia ella.
“Entonces diles por qué tienes una foto mía en tu casa.””
Diane se quedó inmóvil.
Marcus frunció el ceño.
“¿Qué foto?””
“Una que ella tomó cuando yo estaba afuera de la escuela.””
Diane negó.
“No.””
Gabriel sacó otra fotografía.
La puso sobre la mesa.
Diane aparecía al fondo.
Observando a Gabriel.
Pero la imagen tenía algo más.
En la mano de Diane había un sobre.
“¿Qué es eso?”” pregunté.
Ella no respondió.
“Diane.””
“Era una carta.””
“¿Para mí?””
“No.””
Gabriel la corrigió.
“Para ti.””
Diane bajó la cabeza.
“Yo no podía dársela.””
“¿Por qué?””
“Porque tu mamá me pidió que no lo hiciera.””
Gabriel se acercó.
“Eso es mentira.””
Diane levantó la voz.
“¡Tú no estabas ahí!””
“¡Claro que estaba ahí!””
El grito de Gabriel hizo que todo el gimnasio se estremeciera.
“Estaba en el hospital cuando ella me lo pidió.””
Diane comenzó a llorar.
“Tu mamá me dijo que si algo le pasaba, yo debía proteger a Nia.””
“¿Protección significa destruir sus cartas?””
“¡Ella tenía miedo!””
“¿De mí?””
“No.””
Diane se tapó la cara.
“De alguien más.””
Yo me quedé inmóvil.
“¿De quién?””
Diane no contestó.
Bennett dio un paso atrás.
Su teléfono vibró.
Lo sacó.
Leyó el mensaje.
Y su expresión cambió.
“¿Qué pasa?”” pregunté.
Bennett no respondió.
Marcus le quitó el teléfono.
“¿Quién te escribió?””
Marcus leyó la pantalla.
Después levantó lentamente la mirada.
“Es Richard Cole.””
Bennett se quedó blanco.
“Eso es imposible.””
“¿Por qué?””
“Porque Richard murió hace ocho años.””
Gabriel tomó el teléfono.
El mensaje decía:
*“El archivo fue abierto. Si Nia está leyendo esto, entonces ya es demasiado tarde.””*
Debajo había una segunda línea.
*“No confíen en Gabriel.””*
Yo miré a mi padre.
Él negó lentamente con la cabeza.
“Ese mensaje no lo escribió Richard.””
“¿Cómo lo sabes?”” pregunté.
Gabriel señaló la pantalla.
“Porque Richard nunca usaba ese apellido.””
Todos quedaron confundidos.
“¿Qué apellido?””
Gabriel señaló la parte inferior del mensaje.
Había una firma digital.
*R. Bennett.*
Mi mirada se dirigió al director.
Bennett retrocedió.
“Yo no envié eso.””
Marcus se puso frente a mí.
“Entonces alguien está usando tu nombre.””
Bennett miró hacia las puertas.
Y en ese momento, todas las luces del gimnasio parpadearon.
Una vez.
Dos veces.
Después las pantallas del marcador se encendieron solas.
Apareció una imagen.
Una fotografía vieja.
Mi mamá.
Gabriel.
Diane.
Y un cuarto hombre.
Yo nunca lo había visto.
Pero Principal Bennett sí.
Porque al mirar la pantalla, sus labios pronunciaron un nombre.
“Arturo…”
La imagen cambió.
Ahora mostraba un documento.
Un certificado de nacimiento.
El mío.
Pero en esta versión había un nombre en la casilla del padre.
Gabriel se acercó a la pantalla.
“Eso no es mi firma.””
Yo miré el documento.
La tinta estaba borrosa.
Pero el nombre era perfectamente legible.
Y era el mismo hombre que aparecía junto a mi mamá en la fotografía.
El cuarto hombre.
Mi verdadero padre legal.
El nombre que mi madre había intentado borrar.
Entonces una voz salió por los altavoces del gimnasio.
“Ahora que todos están mirando…”
Capítulo completado
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