—Buenas noches, oficial —dijo Sofía con absoluta calma—.
Capítulo 4
—Buenas noches, oficial —dijo Sofía con absoluta calma—.
Hay dos personas tratando de forzar la entrada a mi departamento.
Del otro lado le hicieron algunas preguntas.
—No, no viven aquí. Dicen que son familia, pero yo vivo sola.
Mientras hablaba, Javier seguía golpeando la puerta.
—¡Sofía! ¡Abre de una vez!
Ella continuó con la llamada.
—Sí, por favor, envíen una patrulla. La dirección es avenida Monte Vista 452, departamento 2B.
Colgó.
Los golpes aumentaron.
—¡Vas a necesitar más que una puerta para librarte de mí! —gritó Javier—. ¡Esto no se va a quedar así!
Doña Mercedes comenzó a murmurar algo sobre hijos abandonados, esposas ingratas y madres despreciadas.
Sofía simplemente esperó.
Menos de diez minutos después, varias voces masculinas resonaron en el pasillo.
—Señor, aléjese de la puerta.
—¡Pero es mi esposa!
—Le dije que se aleje.
Sofía no abrió hasta que un policía tocó con calma y se identificó.
Entonces giró la llave.
Al abrir, encontró a
Javier esposado.
Tenía el rostro rojo de rabia.
Doña Mercedes estaba a unos metros, abanicándose con el rosario mientras discutía con otro oficial.
—¡Esto es persecución! ¡Yo soy una madre preocupada por su hijo!
Uno de los policías se acercó a Sofía.
—Señora, este hombre tiene dos órdenes menores pendientes relacionadas con infracciones de tránsito y deudas. Vamos a llevarlo a la estación.
Sofía miró a Javier.
Por primera vez desde que lo conocía, él no tenía absolutamente nada que decir.
—La señora puede retirarse —continuó el oficial señalando a Doña Mercedes— siempre y cuando deje de causar problemas.
Doña Mercedes levantó las manos.
—¡Yo no estoy causando problemas! ¡La que está destruyendo una familia es ella!
El policía ignoró el comentario.
Después volvió hacia Sofía.
—¿Quiere iniciar el trámite para una orden de restricción?
Sofía ni siquiera tuvo que pensarlo.
—Sí.
Javier abrió los ojos.
—¡Sofi!
Ella lo miró
sin expresión.
—Y también voy a cambiar la cerradura hoy mismo.
—¡No puedes hacerme esto! —gritó Javier mientras los policías comenzaban a llevárselo—. ¡Soy tu esposo!
Sofía sostuvo su mirada.
—Ya no.
La patrulla se llevó a Javier.
Doña Mercedes fue acompañada hasta la parada del autobús mientras seguía quejándose de la ingratitud del mundo.
Cuando el pasillo volvió a quedar vacío, Sofía cerró la puerta.
Pero esta vez sabía que aquella cerradura no iba a quedarse ahí por mucho tiempo.
Capítulo completado
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