El viento movió los árboles del cementerio.
Capítulo 9
El viento movió los árboles del cementerio.
Sofía no podía apartar los ojos de Mateo.
“¿Qué acabas de decir?””
Mateo se limpió el rostro.
“Tu mamá estaba viva.””
“Entonces, ¿de quién era el cuerpo?””
Mateo miró a Rafael.
“De una mujer que murió en el hospital esa misma noche.””
Rafael negó.
“¿Y tú aceptaste enterrarla?””
“Marisol me lo pidió.””
“¿Por qué?””
Mateo respiró profundamente.
“Porque alguien estaba buscando su cuerpo.””
Sofía se quedó inmóvil.
“¿Quién?””
Mateo miró a Daniel.
“Julián.””
Daniel bajó la mirada.
Mateo continuó:
“Tu mamá descubrió que Julián había estado usando identidades falsas y cuentas de la iglesia durante años. Cuando intentó denunciarlo, él amenazó con llevarse a los dos bebés.””
Rafael preguntó:
“¿Por qué no acudiste a la policía?””
“Lo intenté.””
“¿Y?””
Mateo sacó un documento doblado.
“Uno de los oficiales trabajaba para Julián.””
Sofía tomó el papel.
Era un reporte policial.
La denuncia había sido cerrada por falta de evidencia.
La firma
al final pertenecía al mismo hombre que aparecía junto a Julián en la fotografía.
El doctor.
Sofía apretó el documento.
“¿Y mi mamá?””
Mateo señaló el sobre que Daniel sostenía.
“Marisol huyó.””
“¿A dónde?””
“Nunca me lo dijo.””
Elena habló por primera vez.
“Pero sí te dejó algo.””
Mateo la miró.
“Sí.””
“¿Qué?””
Mateo señaló a Daniel.
“La carta.””
Daniel entregó el sobre a Sofía.
Ella lo abrió.
Había una sola hoja.
La letra de Marisol era inconfundible.
Sofía comenzó a leer.
“Mi niña, si estás leyendo esto, significa que Daniel finalmente te encontró.””
Sofía miró a su hermano.
Daniel tenía lágrimas en los ojos.
“Tu hermano fue mi última esperanza. Lo escondí de quienes querían usarlo contra mí. Pero nunca dejé de buscar una manera de volver por ustedes.””
Sofía siguió.
“Mateo aceptó ser tu padre ante los ojos del mundo porque necesitabas un apellido que nadie cuestionara.””
Mateo
cerró los ojos.
“Pero él no es tu padre biológico.””
Sofía levantó lentamente la mirada.
Rafael quedó inmóvil.
La carta continuaba.
“Tu padre biológico es el hombre que te amó incluso antes de conocerte.””
Rafael comenzó a llorar.
Sofía miró a Daniel.
Luego a Rafael.
“Eres tú.””
Rafael asintió.
“Sí.””
Sofía lo abrazó.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Después ella se separó.
“¿Por qué mi mamá nunca volvió?””
Rafael miró la carta.
“Tal vez tuvo miedo.””
Daniel negó.
“No.””
Todos lo miraron.
“¿Qué quieres decir?””
Daniel sacó otra hoja.
“Encontré esto detrás de la fotografía.””
Era una carta más reciente.
La fecha era de hacía apenas dos años.
Sofía la abrió.
“Rafael, si mis hijos alguna vez se encuentran, no les digas que estoy muerta.””
Sofía dejó escapar un sollozo.
La siguiente línea era peor.
“Julián todavía me está buscando.””
Mateo cerró los ojos.
Elena susurró:
“Entonces está viva.””
Daniel
asintió.
“Eso creo.””
Sofía pasó la página.
Había una dirección.
Una casa.
En un pueblo pequeño de Arizona.
Rafael miró el papel.
“¿Cuándo fue escrita?””
“Hace dos años.””
“Entonces podríamos encontrarla.””
Mateo negó.
“No es tan fácil.””
Sofía se volvió.
“¿Por qué?””
“Porque esa dirección ya no existe.””
Daniel mostró otra hoja.
“Pero hay una segunda.””
Era un apartado postal.
Y debajo, una frase:
*“Cuando la iglesia vuelva a escuchar la verdad, búscame donde comenzó todo.””*
Sofía frunció el ceño.
“¿Dónde comenzó todo?””
Mateo comprendió.
“La iglesia.””
Elena negó.
“No.””
Mateo la miró.
“¿Qué?””
“Marisol no hablaba de esta iglesia.””
Sofía preguntó:
“Entonces, ¿de cuál?””
Elena respondió:
“De la primera.””
Mateo se quedó inmóvil.
Rafael preguntó:
“¿Dónde está?””
Elena miró hacia las montañas.
“En Nuevo México.””
Sofía dobló las cartas.
“Vamos.””
Mateo la detuvo.
“Espera.””
“¿Qué?””
“Hay algo que necesitas saber antes.””
Sofía se volvió.
Mateo sacó una fotografía pequeña de su billetera.
Era de Marisol.
Pero no estaba sola.
Junto a ella había un niño pequeño.
Daniel.
Y detrás aparecía una mujer.
Sofía reconoció inmediatamente el rostro.
Era la mujer que aparecía en todas las fotografías familiares de su infancia.
Su supuesta tía.
Sofía sintió que el mundo se detenía.
“¿Ella?””
Mateo asintió.
“Tu tía Carmen.””
Elena se llevó una mano al pecho.
“Eso no puede ser.””
Sofía miró la fotografía.
En la parte posterior había una fecha.
1999.
Un año después de su supuesto funeral.
Y una frase escrita por Marisol:
*“Carmen sabe dónde estoy.””*
Sofía levantó la mirada.
“¿Dónde está Carmen ahora?””
Mateo no contestó.
Daniel miró su teléfono.
Había recibido un mensaje.
Lo abrió.
Su rostro cambió.
Sofía preguntó:
“¿Qué pasó?””
Daniel le mostró la pantalla.
Era una fotografía reciente.
Carmen estaba sentada en una habitación.
Tenía las manos atadas.
Y detrás de ella había una pared con una frase escrita en pintura roja:
*“UNA VERDAD MÁS Y CARMEN MUERE.””*
Debajo aparecía un número.
Y un mensaje:
*“Sofía, ven sola.””*
Mateo tomó el teléfono.
“Esto es una trampa.””
Sofía miró la fotografía.
“No.””
Rafael preguntó:
“¿Qué vas a hacer?””
Sofía guardó las cartas de su madre dentro de su bolso.
“Voy a encontrar a mi tía.””
Daniel negó.
“Dijo sola.””
Sofía levantó la mirada.
“Entonces tendrá que aprender que ya no estoy sola.””
Y en ese momento, el teléfono de Mateo comenzó a sonar.
Número desconocido.
Contestó.
Una voz femenina susurró:
“Mateo…”
El pastor quedó completamente inmóvil.
Sofía reconoció aquella voz.
La había escuchado en las grabaciones.
La voz de su madre.
“Marisol…”
La llamada seguía abierta.
Y antes de que Mateo pudiera responder, ella dijo:
Capítulo completado
Has llegado al final de este capítulo.
Seguir leyendo
Más mundos en los que perderte después de este capítulo.