“¿De verdad me vas a avergonzar enfrente de mi familia?!””
Las dos manos de Mateo cayeron sobre la mesa de madera con tanta fuerza que los vasos de cristal temblaron.
Capítulo 1
“¿De verdad me vas a avergonzar enfrente de mi familia?!””
Las dos manos de Mateo cayeron sobre la mesa de madera con tanta fuerza que los vasos de cristal temblaron.
El sonido seco hizo que Camila levantara la cabeza de inmediato.
Elena dejó de respirar por un segundo.
Y Sofia no se movió.
Seguía sentada al otro lado de la mesa, con la espalda recta, el vestido negro impecable y una mano descansando junto a su plato de plata.
La otra mano estaba sobre su regazo.
Pero su rostro lo decía todo.
Una mancha morada cruzaba su mejilla.
No era maquillaje.
No era una sombra.
Era una marca que nadie en aquella mesa podía fingir que no veía.
Mateo, alto, musculoso, vestido con su traje negro abierto en el cuello y las cadenas de oro brillando bajo las luces del comedor, señaló hacia ella.
“¡Di algo, Sofia!””
Sofia levantó lentamente los ojos.
Miró primero a Mateo.
Después a Elena.
Luego a Camila.
Nadie tocó la comida.
Nadie tomó agua.
El olor del pollo recién servido y del pan caliente parecía
fuera de lugar en aquella habitación perfecta.
Sofia habló con una voz baja.
“Ya dijiste suficiente cuando me pusiste esto en la cara.””
Mateo se quedó inmóvil.
Su dedo bajó.
Elena apretó los labios.
“Mateo…” murmuró.
“Cállate, mamá.””
Elena lo miró horrorizada.
“¿Cómo me vas a decir que me calle después de ver lo que—?””
“¡No sabes lo que pasó!””
Sofia soltó una pequeña risa sin humor.
“Sí. Yo sí sé.””
Mateo la miró fijamente.
“Sofia, no hagas esto aquí.””
Ella tocó suavemente la marca de su mejilla.
Sus dedos temblaron apenas.
“Tú elegiste hacerlo aquí.””
El silencio regresó.
Esta vez fue peor.
Camila, que apenas tenía veintitantos años, observaba a Sofia con los ojos llenos de lágrimas. No parecía saber si levantarse, acercarse o quedarse quieta.
“Prima…” susurró Camila.
Sofia negó lentamente con la cabeza.
“No.””
“Pero…”
“No me defiendas todavía.””
Mateo retrocedió un paso.
“Estás haciendo un espectáculo
por nada.””
Elena se levantó de su silla.
“¿Por nada?””
Mateo giró hacia ella.
“Fue una discusión.””
“Una discusión no deja esa marca.””
“¡Mamá!””
Elena señaló la mejilla de Sofia.
“Eso no apareció solo.””
Mateo abrió la boca.
Pero no encontró palabras.
Sofia bajó la mirada hacia su mano izquierda.
El diamante de su anillo de bodas atrapó la luz del comedor.
Durante unos segundos, simplemente lo contempló.
Después lo tomó entre sus dedos.
Mateo frunció el ceño.
“Sofia…”
Ella empezó a girarlo.
Una vuelta.
Otra.
Hasta que finalmente consiguió sacarlo.
Mateo palideció.
“¿Qué estás haciendo?””
Sofia dejó el anillo sobre el plato de plata.
*CLIC.*
El sonido metálico pareció atravesar toda la habitación.
Mateo miró el anillo.
Sofia se puso de pie.
“Terminando lo que tú ya destruiste.””
Mateo dio un paso hacia ella.
“Estás loca.””
Sofia sostuvo su mirada.
“Y el golpe no es la única prueba.””
Elena
miró hacia su teléfono, que estaba junto a su plato.
Mateo siguió sus ojos.
Y por primera vez aquella noche, el hombre que había estado gritando dejó de parecer furioso.
Pareció asustado.
Porque Elena tenía una mano sobre el teléfono.
Capítulo completado
Has llegado al final de este capítulo.
Seguir leyendo
Más mundos en los que perderte después de este capítulo.