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LA MUJER DEL VESTIDO ROJO Y LOS QUE SE QUEDARON MIRANDO
Capítulo 2 / 3

Capítulo 2

LO QUE CADA QUIEN VIO

889 palabras

PARTE 2 — LO QUE CADA QUIEN VIO

—Señora Walker.

Robert llegó a mi lado y extendió una mano hacia mi brazo. Antes de tocarme, se detuvo.

—¿Puede mover el hombro?

—Me duele. Prefiero que no me lo sujetes.

Bajó la mano enseguida y acercó una silla.

—Siéntese, por favor.

Me senté porque lo necesitaba. Tenía las piernas menos firmes de lo que había creído al levantarme. El mesero dejó la charola y regresó con agua y unas servilletas limpias.

Le agradecí. Al apoyar una sobre la palma, vi dos manchas pequeñas de sangre.

Kristin habló por encima de mi cabeza.

—Tropezó junto a mí. Yo solo intentaba pasar.

Robert la miró y luego me miró a mí.

—No vi cómo ocurrió.

—Lo sé —le dije.

Esa respuesta pareció desconcertarlo.

—Pero yo sí lo sentí. Ella me golpeó de lado.

El presidente del club se acercó. Lo había visto fruncir el ceño mientras yo seguía en el suelo, sin moverse

de su sitio.

—Podemos hablar de esto adentro —propuso.

Traía una voz baja y cuidadosa, la misma que se usa para pedir que bajen la música.

—Primero necesito limpiarme las manos —respondí—. Después podemos hablar.

—Por supuesto.

—Y necesito que no se dé por hecho que me caí sola.

Kristin dejó escapar aire por la nariz.

—Nadie está dando nada por hecho. Pero acusarme de empujarla…

—Eso es exactamente lo que estoy diciendo.

Robert acercó la botella de agua para que pudiera mojar una servilleta. Me temblaron los dedos al doblarla. Me molestó que Kristin lo viera, aunque el ardor de la piel pronto me dejó sin espacio para preocuparme por eso.

El presidente observó a quienes estaban cerca.

—¿Alguien vio lo que pasó?

Hubo un silencio breve, suficiente para escuchar a un mesero retirar un plato de otra mesa.

Kristin cruzó los brazos.

—Todos vieron que perdió el equilibrio.

—Yo vi el golpe.

La mujer mayor había soltado el brazo de su acompañante.

No alzó la voz. Dio los dos pasos que antes no había terminado de dar y se quedó junto a la silla.

—La señora estaba alcanzando un postre. Usted se movió hacia ella y la golpeó con la cadera.

Kristin se volvió de inmediato.

—Estaba pasando.

La mujer apretó los labios antes de contestar.

—Había espacio del otro lado.

Su acompañante hizo un movimiento hacia ella, pero esta vez no la tocó.

Sentí que mis dedos aflojaban un poco la servilleta.

—¿Está segura? —preguntó el presidente.

—Sí.

El mesero se aclaró la garganta.

—Yo estaba de frente. Vi el contacto antes de que la señora cayera.

Miraba al presidente, no a Kristin.

—¿Vio que la empujara?

El muchacho tardó en responder.

—Vi que la golpeó de lado. No vi que la señora Walker tropezara antes.

Aquello

era lo que había observado y hasta ahí llegó. No añadió intenciones que no podía conocer. Esa precisión me dio más confianza que cualquier discurso en mi defensa.

Kristin acomodó una pulsera.

—Pude haberla rozado sin darme cuenta.

—Hace un momento dijiste que había tropezado —le recordé.

—Porque eso pareció.

—Y después te reíste.

Bajó la mano.

El presidente miró hacia las otras mesas. Había invitados sentados otra vez, pero casi nadie estaba comiendo.

—Vamos a tomar los datos de quienes estuvieron cerca —dijo—. Y a dejar constancia de lo ocurrido.

—Quiero que se incluya lo que dije —respondí—. Que sentí un golpe deliberado.

—Se incluirá.

Kristin se inclinó ligeramente hacia mí.

—Si se lastimó, desde luego que lo siento.

Esperé. Ella también.

—Dime por qué lo sientes —le pedí.

Su boca se tensó.

—Estoy tratando de ser amable.

—Entonces no me pidas que te facilite esto.

Robert se agachó un poco para quedar a mi altura.

—Voy a acompañarla a que la revisen.

Asentí. Ya empezaba a sentir el hombro pesado, y cuando intenté acomodarme el bolso tuve que cambiarlo de lado.

Antes de levantarme, miré al presidente.

—¿Quién va a darme seguimiento?

Sacó una tarjeta y escribió un número en el reverso.

—Yo.

Tomé la tarjeta con la mano menos lastimada.

Kristin soltó una risa corta, sin alegría.

—¿De verdad va a convertir un accidente en un asunto de la directiva?

La miré desde la silla.

—Voy a entregar mi versión por escrito.

Por primera vez desde la caída, no tuvo una respuesta inmediata.

En la clínica me limpiaron las raspaduras y me revisaron el hombro. Robert esperó conmigo.

La revisión y las radiografías no mostraron una fractura. Me indicaron cuidados para los golpes y señales a las que debía prestar atención. Cuando salimos, ya me costaba trabajo encontrar una postura cómoda en el asiento.

Robert sostuvo la puerta del coche.

—Debí quedarme cerca —dijo.

—Te llamaron para hablar del presupuesto.

—Pude haber vuelto antes.

Lo miré mientras se acomodaba frente al volante.

—No necesitaba que me vigilaras, Robert.

Se quedó con las manos sobre las piernas.

—Lo sé.

—Necesitaba que, cuando dije lo que pasó, no tuviéramos que negociar si era conveniente escucharlo.

Tardó un momento en responder.

—Tiene razón.

Durante el trayecto me preguntó qué quería hacer. Le dije que llegaría a casa, descansaría y al día siguiente escribiría lo sucedido, mientras lo recordaba con claridad. Él podía confirmar cómo me había encontrado y lo que había escuchado después.

—La caída no la viste —añadí—. Eso también debe quedar claro.

—Así lo voy a poner.

Capítulo completado

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