“¡Diles lo que has estado escondiendo durante veintiocho años!””
La voz de Elena atravesó la iglesia como un trueno.
Capítulo 1
“¡Diles lo que has estado escondiendo durante veintiocho años!””
La voz de Elena atravesó la iglesia como un trueno.
Elena, con su elegante traje lavanda y el enorme sombrero a juego, acababa de arrancarle el micrófono de las manos al pastor Benítez. Las perlas alrededor de su cuello temblaban con cada respiración mientras señalaba directamente al hombre que había predicado desde aquel púlpito durante casi tres décadas.
Por un segundo, nadie se movió.
La iglesia estaba llena. Familias enteras ocupaban las bancas de madera. El coro permanecía inmóvil en el balcón. La luz atravesaba los vitrales y pintaba manchas rojas, azules y doradas sobre las paredes.
Entonces llegó el primer grito ahogado.
“¡Elena!”” exclamó una mujer desde la tercera fila.
Pastor Benítez extendió la mano.
“Elena, aquí no.””
Ella apartó el micrófono de su alcance.
“Especialmente aquí.””
Un murmullo recorrió el templo.
Arturo, sentado cerca del frente con su traje oscuro, se levantó lentamente. Tenía la mirada clavada en Elena, pero parecía no reconocer a la mujer que tenía
enfrente.
“¿Qué estás haciendo?”” preguntó Arturo.
Elena ni siquiera volteó.
“Estoy terminando algo que debió terminar hace veintiocho años.””
El pastor tragó saliva.
“Baja la voz y ven conmigo afuera.””
“No.””
“Elena, por favor.””
“¿Por favor?”” Ella soltó una risa seca.
“¿Ahora sabes decir por favor?””
En el balcón, Sofia se había puesto de pie.
Tenía el cabello oscuro y ondulado cayéndole sobre los hombros, y su vestido blanco contrastaba con los colores de los vitrales. Sus ojos ya estaban llenándose de lágrimas.
“¿Qué tiene que ver esto conmigo?””
Elena finalmente la miró.
La expresión de furia en su rostro cambió.
Por un instante apareció algo más profundo.
Dolor.
“Todo, mija.””
Sofia bajó lentamente las escaleras del coro.
“¿Qué significa eso?””
Pastor Benítez bajó los ojos.
Ese pequeño gesto fue suficiente.
Sofia aceleró el paso.
“Pastor…”
Él no respondió.
Ella miró a Arturo.
“Papá, ¿qué está pasando?””
Arturo abrió la
boca, pero ninguna palabra salió.
Elena se acercó al púlpito.
Con ambas manos sacó un sobre grueso, amarillento y sellado. Lo dejó caer sobre la Biblia abierta.
*PAM.*
“Pregúntale por qué tu acta de nacimiento original ha estado guardada en su oficina.””
Sofia se quedó blanca.
“¿Mi… acta?””
El pastor dio un paso hacia el sobre.
“No lo abras.””
Sofia lo miró.
“¿Por qué?””
“Porque no sabes lo que estás haciendo.””
“Precisamente por eso lo voy a abrir.””
Sus dedos rompieron el sello.
El primer documento apareció.
Sofia lo tomó.
Sus ojos recorrieron la página.
Luego se detuvieron.
“¿Por qué…?””
Su voz se quebró.
Miró al pastor.
“¿Por qué tu nombre está aquí?””
Nadie respiraba.
Arturo se llevó una mano a la boca.
Elena apretó los labios.
Sofia levantó el documento.
“¿Por qué el nombre del Pastor Benítez está en mi acta de nacimiento?””
El pastor no contestó.
Y entonces
Elena miró a Arturo.
“Porque esa no es la mentira más grande.””
Sofia abrió la boca.
Dentro del sobre había otro documento.
Lo sacó con manos temblorosas.
La primera línea estaba parcialmente doblada.
Capítulo completado
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