La policía detuvo a Octavio esa misma noche.
Capítulo 2
La policía detuvo a Octavio esa misma noche.
No por el accidente.
Por otra cosa.
La empresa tenía órdenes de aprehensión relacionadas con evasión fiscal y lavado de dinero.
Pero durante el interrogatorio, Octavio cometió un error.
Preguntó:
—¿Valeria ya habló?
Nadie le había dicho que yo estaba consciente.
A partir de ahí, las piezas empezaron a caer.
Mi camioneta había sido seguida por dos vehículos.
Una cámara de tránsito captó la camioneta negra de Santiago a tres autos de distancia.
Otra mostró al tráiler acelerando cuando yo entraba al cruce.
El chofer había desaparecido después del accidente.
Octavio pagó en efectivo a la familia del conductor para que no reportaran su ubicación.
Y mi marido, mientras yo luchaba por volver a respirar en terapia intensiva, había solicitado acceso a mis fideicomisos.
Pensé que eso era el fondo.
No lo era.
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Dos días después, Mauricio apareció en mi habitación.
Traía ojeras profundas y una carpeta bajo el
brazo.
—Perdóname.
—¿Por qué?
—Debí insistir más.
—¿En qué?
Se sentó.
—Tú me llamaste una semana antes del choque.
—Lo sé.
—Pero no sólo encontraste transferencias de Santiago.
Fruncí el ceño.
—¿Qué más?
Mauricio abrió la carpeta.
Había estados de cuenta.
Facturas.
Contratos.
—Tu firma aparece en doce empresas fantasma.
—No puede ser.
—Puede.
—Yo nunca…
—Lo sé.
—¿Cómo?
—Porque conozco tu firma real.
Me enseñó documentos.
Falsificaciones.
Cientos de millones de pesos moviéndose.
Importaciones ficticias.
Facturas falsas.
Préstamos.
Y en medio de todo, una empresa llamada CRV Holdings.
—¿Qué es eso?
Mauricio negó.
—Pensé que era de Santiago.
—¿No?
—No directamente.
—¿De quién?
Pasó una hoja.
La representante legal era Mercedes Villaseñor.
Mi suegra.
Sentí un vuelco.
—Ella también está metida.
—Mucho.
—Entonces Camila…
—Está con protección temporal. Ya no está con Mercedes.
Exhalé por primera vez en varios minutos.
—Gracias.
Mauricio pasó otra página.
—Valeria, hay algo que
no entiendo.
—¿Qué?
—Estas empresas empezaron a usar tu nombre antes de que tú y Santiago se casaran.
Lo miré.
—Eso es imposible.
—Cinco meses antes.
—Ni siquiera lo conocía.
—Exacto.
Se hizo un silencio pesado.
—Entonces no me conoció por casualidad.
Mauricio no dijo nada.
La respuesta estaba ahí.
Once años.
Mi matrimonio entero acababa de cambiar de forma.
Santiago no se había enamorado de mí y después descubierto mi dinero.
**Me había buscado por él.**
Capítulo completado
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