El teléfono golpeó el piso de madera.
Capítulo 7
El teléfono golpeó el piso de madera.
Todos volteamos al mismo tiempo.
Sofía estaba de pie junto a la puerta de la oficina.
Su rostro había perdido todo el color.
—No… —susurró.
Mateo miró hacia la pantalla y después hacia ella.
—Sofía.
Ella no respondió.
Clara caminó lentamente hacia su hija.
—¿Qué viste?
Sofía retrocedió.
—Nada.
—Tu teléfono acaba de caer.
—Se me resbaló.
Elena recogió el aparato.
La pantalla estaba encendida.
Había una notificación nueva.
*“Deja de mirar el pasado.””*
Elena levantó la vista.
—Esto acaba de llegar.
Daniel tomó el teléfono.
—¿Quién te está escribiendo?
Sofía negó con la cabeza.
—No sé.
Mateo señaló la computadora.
—Ella sabe quién está en el video.
Sofía empezó a llorar.
—¡No!
—Entonces dilo.
—¡No puedo!
Rafael se acercó a la pantalla.
—Pausa el video.
Elena obedeció.
La imagen congelada mostraba a Ana junto a la puerta, con la silueta detrás de ella.
Rafael señaló la figura.
—Acércala.
Elena
amplió la imagen.
La cara apareció lentamente.
Mateo dejó escapar un suspiro.
Clara se llevó ambas manos a la boca.
Daniel parecía incapaz de moverse.
Era Sofía.
Pero no la Sofía de diecisiete años.
Era una mujer adulta.
Clara negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
Rafael cerró los ojos.
—No es Sofía.
Mateo lo miró.
—¿Entonces quién?
Rafael señaló el rostro.
—Es Marisol.
Daniel reaccionó.
—¿Qué?
—Mira el cabello. La mandíbula. El reloj.
Clara observó la imagen.
—Pero tú dijiste que Marisol se fue esa noche.
—Eso creíamos.
Mateo miró a su padre.
—¿Qué significa “creíamos”?
Daniel se apoyó en el escritorio.
—Después del accidente, Marisol desapareció.
—¿Y nadie la buscó?
—La policía pensó que se había ido.
—¿Y tú?
Daniel bajó la mirada.
—Yo también.
Mateo soltó una carcajada amarga.
—Claro.
Sofía seguía llorando.
Elena la miró.
—¿Tú sabías que Marisol seguía viva?
Sofía no contestó.
—Sofía.
—Sí.
Clara se quedó helada.
—¿Desde cuándo?
Sofía apretó los labios.
—Desde que tenía doce años.
Daniel levantó la cabeza.
—¿Qué?
—Me encontró en internet.
—¿Y hablaste con ella?
—Sí.
—¿Cuántas veces?
—No sé.
Mateo dio un paso hacia ella.
—¿Y ella te pidió que me acusaras?
Sofía negó.
—No directamente.
—¿Entonces?
Sofía miró hacia Rafael.
—Me dijeron que si no hacía lo que querían, iban a mostrarle a todos el video de mamá.
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué video?
—El video donde se ve quién la siguió.
Mateo miró la pantalla.
—Ya lo estamos viendo.
Sofía sacudió la cabeza.
—Ese no es el video completo.
Elena se quedó quieta.
—¿Hay otro?
Sofía asintió.
—Sí.
Rafael se acercó.
—¿Dónde?
—Marisol tiene una copia.
Daniel levantó la voz.
—¿Dónde está ella?
Sofía miró hacia el pasillo.
—Aquí.
Todos se quedaron inmóviles.
—¿Qué? —susurró Clara.
Sofía señaló la puerta principal.
—Entró hace unos
minutos.
Mateo corrió hacia la sala.
Elena lo siguió.
La puerta principal estaba cerrada.
No había nadie.
Entonces escucharon un golpe en el piso de arriba.
Daniel levantó la mirada.
—Todos aquí.
Otro golpe.
Clara agarró a Sofía.
—No te muevas.
Mateo empezó a subir las escaleras.
Daniel lo siguió.
—¡Mateo, espera!
—No.
—No sabemos quién está arriba.
—Por eso voy.
Llegaron al segundo piso.
La casa estaba en silencio.
Elena levantó su teléfono y activó la cámara.
—La aplicación de seguridad muestra movimiento.
—¿Dónde? —preguntó Daniel.
Elena miró la pantalla.
—En la habitación de Sofía.
Sofía, desde abajo, gritó:
—¡No!
Todos se quedaron quietos.
Mateo miró a Daniel.
—¿Qué hay en su cuarto?
Clara respondió desde las escaleras:
—Nada.
Elena miró el teléfono.
—Hay alguien ahí.
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Una mujer apareció.
Cabello oscuro.
Rostro pálido.
Una pequeña cicatriz sobre la ceja.
Marisol.
Daniel dejó escapar el aire.
—Tú.
Marisol levantó las manos.
—No vine a hacerles daño.
Mateo avanzó.
—¿Por qué seguiste a mi mamá?
Marisol lo miró.
—Porque ella llevaba algo que podía destruir a tu padre.
—¿Qué?
—La verdad.
Daniel apretó los puños.
—Marisol, vete.
Ella negó.
—Ya no puedo.
—¿Por qué?
Marisol miró a Sofía.
—Porque tu hija fue usada para repetir una mentira que empezó hace dieciocho años.
Sofía lloró.
—Lo siento.
Marisol sacó un teléfono viejo del bolsillo.
—Aquí está el video completo.
Mateo dio un paso.
—Dámelo.
Marisol negó.
—Primero tienes que saber algo.
—¿Qué?
Ella miró directamente a Daniel.
—Tu madre no murió por el accidente.
Mateo se quedó helado.
—¿Qué estás diciendo?
Marisol tragó saliva.
—Ana sobrevivió al accidente.
Clara dejó escapar un sollozo.
—No…
—Vivió varios minutos después del choque.
Daniel cerró los ojos.
Marisol continuó:
—Y alguien llegó antes que la ambulancia.
Mateo sintió que las piernas le temblaban.
—¿Quién?
Marisol miró hacia Sofía.
—La persona que aparece en el video.
Sofía comenzó a llorar con más fuerza.
—No…
Marisol levantó el teléfono.
Capítulo completado
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