Nadie tocó el teléfono.
Capítulo 9
Nadie tocó el teléfono.
Seguía sonando.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Mateo tenía los ojos clavados en la pantalla.
*MAMÁ.*
Clara lloraba en silencio.
Daniel parecía completamente destruido.
Marisol susurró:
—Contesta.
Mateo levantó lentamente la mano.
Daniel lo agarró.
—No.
Mateo lo miró.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos quién está detrás.
—Toda mi vida pensé que ella estaba muerta.
—Mateo…
—Si es ella, voy a contestar.
Daniel soltó su brazo.
El teléfono volvió a sonar.
Mateo deslizó el dedo.
—¿Mamá?
Al principio solo hubo respiración.
Después una voz.
Débil.
Cansada.
Pero inconfundible.
—Mateo.
El joven se desplomó en una silla.
—Dios mío.
Clara se cubrió la boca.
Daniel no podía levantar la mirada.
Mateo comenzó a llorar.
—¿Eres tú?
—Sí.
—¿Estás viva?
—Sí.
—¿Por qué… por qué nunca regresaste?
La voz al otro lado tembló.
—Porque me hicieron creer que si regresaba, tú morirías.
Mateo miró a Daniel.
—¿Quién?
Ana guardó silencio.
—Mamá, dime
quién.
—No fue tu papá.
Daniel cerró los ojos.
—Gracias a Dios —susurró.
Mateo apretó el teléfono.
—Entonces ¿quién?
Ana respiró con dificultad.
—La persona que te acusó esta noche no fue quien empezó esto.
Sofía comenzó a llorar.
—Lo siento…
Ana pareció escucharla.
—Sofía.
La adolescente se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Porque te conozco.
Clara levantó la cabeza.
—¿Qué?
Ana continuó:
—Clara, necesito que me escuches.
—Te estoy escuchando.
—No confíes en Rafael.
Rafael se quedó congelado.
—Ana…
Ella respondió inmediatamente:
—Tú sabes por qué.
Rafael bajó la cabeza.
Mateo lo miró.
—¿Qué hiciste?
Rafael respiró profundamente.
—Yo no la lastimé.
Ana dijo:
—No.
—Entonces dime qué hice.
—Ayudaste a esconderme.
Mateo se levantó.
—¿Qué?
Rafael cerró los ojos.
—Después del accidente, encontré a Ana.
Clara lo miró con horror.
—¿La encontraste viva?
—Sí.
Mateo se quedó inmóvil.
Rafael continuó:
—Estaba herida. Apenas podía hablar. Me pidió
que llamara a una ambulancia.
—¿Y lo hiciste? —preguntó Mateo.
Rafael negó.
—No.
Clara golpeó la mesa.
—¡¿Por qué?!
Rafael comenzó a llorar.
—Porque alguien me llamó.
—¿Quién?
Rafael miró a Daniel.
—Tu padre.
Mateo giró hacia Daniel.
—¿Tú?
Daniel negó.
—No para detener la ambulancia.
—Entonces ¿para qué?
Rafael respondió:
—Para decirme que no podía involucrar a la policía.
Mateo miró a su padre.
—¿Por qué?
Daniel finalmente habló.
—Porque tenía miedo.
—¿De quién?
—De la persona que estaba detrás de todo.
Ana intervino desde el teléfono.
—Y esa persona sigue cerca de ti.
Mateo miró alrededor.
—¿Quién?
Ana respiró.
—La misma persona que usó a Sofía.
Sofía empezó a temblar.
—No…
Ana continuó:
—La misma persona que entró a tu casa anoche.
Mateo miró a Marisol.
—¿Quién?
Marisol no dijo nada.
Elena observó su teléfono.
—Esperen.
Había aparecido otro mensaje.
*“No la escuchen.””*
Elena mostró la pantalla.
Ana
se quedó callada al otro lado de la llamada.
Mateo preguntó:
—¿Mamá?
No respondió.
—¿Mamá?
La llamada seguía conectada.
Pero ahora se escuchaba otra respiración.
Más fuerte.
Más cerca.
Ana susurró:
—Hay alguien conmigo.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Quién?
La voz de Ana se volvió apenas audible.
—No sé cuánto tiempo me queda.
Daniel se acercó al teléfono.
—Ana, dime dónde estás.
—En la vieja casa de tu familia.
Daniel palideció.
—Eso es imposible.
—No.
Ana respiró con dificultad.
—Estoy en el sótano.
Mateo miró a su padre.
—¿La vieja casa?
Daniel asintió lentamente.
—Está vacía desde hace años.
Ana continuó:
—Mateo, escucha. Hay una caja debajo de la escalera.
—¿Qué tiene?
—Tu acta de nacimiento.
Mateo frunció el ceño.
—¿Mi acta?
—Y otra cosa.
—¿Qué?
Ana guardó silencio.
Se escuchó un golpe al otro lado.
Después una puerta.
Ana susurró:
—Tu verdadero certificado de nacimiento.
Mateo se quedó inmóvil.
—¿Verdadero?
Daniel cerró los ojos.
Clara miró a su esposo.
—¿Qué significa eso?
Ana respondió:
—Mateo…
La línea comenzó a llenarse de estática.
—Tu papá no es…
La llamada se cortó.
Mateo se quedó mirando el teléfono.
—¿Qué dijo?
Nadie respondió.
Entonces Elena miró hacia la computadora.
El archivo de la cámara había cambiado.
Una nueva grabación apareció.
*11:59 PM — CASA VIEJA.*
La cámara mostraba el sótano.
Y allí, sentada contra una pared, estaba Ana.
Pero detrás de ella había otra persona.
Mateo se acercó a la pantalla.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Daniel dejó escapar un grito.
—¡No!
Capítulo completado
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