La pregunta de Sofía quedó flotando sobre la iglesia como un trueno que nadie se atrevía a escuchar.
Capítulo 1
La pregunta de Sofía quedó flotando sobre la iglesia como un trueno que nadie se atrevía a escuchar.
“¿Por qué TU nombre está escrito como mi padre?””
Pastor Mateo bajó la mirada.
Elena no dijo una sola palabra.
Y durante varios segundos, lo único que se escuchó fue el llanto ahogado de Sofía y el crujido de las bancas de madera mientras decenas de personas se movían, intentando entender lo que acababan de ver.
Sofía sostenía el certificado de nacimiento con ambas manos.
Le temblaban tanto los dedos que el papel casi se le cayó.
“Pastor Mateo…” susurró ella.
“Dime que esto es un error.””
Mateo levantó lentamente la cabeza.
Su rostro había perdido todo color.
“Elena…” dijo con voz ronca.
“¿De dónde sacaste eso?””
Elena apretó la mandíbula.
“Ya sabes de dónde.””
“Te pregunté de dónde.””
“De la caja que tuviste miedo de abrir durante veintiocho años.””
Un murmullo recorrió la congregación.
La señora Ramírez, sentada en la tercera fila, se persignó.
Un hombre en la última
banca se inclinó hacia su esposa.
“¿Veintiocho años?””
“Cállate”, respondió ella, sin apartar los ojos del altar.
Sofía miró nuevamente el documento.
Había nacido el 14 de marzo.
El nombre de su madre aparecía claramente.
Marisol Hernández.
Y debajo estaba escrito otro nombre.
Mateo Santiago.
Padre.
Sofía tragó saliva.
“Mi mamá me dijo que mi papá murió antes de que yo naciera.””
Mateo cerró los ojos.
Elena dio un paso hacia Sofía.
“Tu mamá te dijo muchas cosas para protegerte.””
Sofía levantó la vista.
“¿Protegerme de qué?””
Nadie respondió.
Entonces Mateo caminó lentamente hacia ella.
“El certificado no cuenta toda la historia.””
Sofía retrocedió.
“No te acerques.””
Mateo se detuvo.
“Está bien.””
“No me digas que está bien. ¡Me acabas de aparecer como mi padre en un documento que nunca había visto!””
“Yo tampoco sabía que existía ese documento.””
Elena soltó una risa amarga.
“Eso es mentira.””
Mateo la miró.
“Elena.””
“Dilo frente a todos.””
“No.””
“¿Por qué no?””
“Porque esto no se arregla destruyendo una iglesia.””
Elena señaló el púlpito.
“Esta iglesia lleva veintiocho años construida sobre una mentira.””
Un anciano de la congregación se levantó.
“Pastor, ¿es verdad?””
Mateo no contestó.
“¿Es usted el padre de Sofía?””
Sofía respiró profundamente.
“Contéstale.””
Mateo miró a la joven.
Y por primera vez, su expresión cambió.
No parecía un pastor.
Parecía un hombre atrapado por un recuerdo.
“Yo…” comenzó.
Pero un teléfono sonó al fondo.
Todos voltearon.
Era el celular de Elena.
Ella miró la pantalla.
Su expresión se endureció.
“¿Quién es?””, preguntó Sofía.
Elena no respondió.
El teléfono volvió a sonar.
Esta vez, Elena contestó.
“¿Bueno?””
Escuchó durante cinco segundos.
Después se quedó completamente inmóvil.
“¿Dónde estás?””
Sofía observó cómo la mano enguantada de Elena comenzaba a temblar.
“¿Qué quieres decir con que encontraste la segunda?””
Elena levantó lentamente los
ojos hacia Mateo.
Y entonces dijo:
“Pensé que la carta de Marisol era la única.””
La llamada terminó.
Sofía frunció el ceño.
“¿Qué segunda carta?””
Elena guardó el teléfono.
“Tenemos que irnos.””
“¿Irnos a dónde?””
Elena miró el certificado de nacimiento.
“Al lugar donde enterraron a tu mamá.””
Mateo dio un paso adelante.
“Eso no.””
Elena lo enfrentó.
“Ya es demasiado tarde.””
Entonces una mujer desde el coro gritó:
“¡Pastor! ¡Alguien dejó otro sobre debajo del púlpito!””
Todos voltearon.
Mateo se quedó helado.
Porque el sobre no era nuevo.
Era exactamente del mismo color crema.
Capítulo completado
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