Sofía sostuvo la fotografía con las manos temblorosas.
Capítulo 5
Sofía sostuvo la fotografía con las manos temblorosas.
La imagen era vieja, pero no había duda.
Era Marisol.
Su madre.
El mismo lunar junto al labio.
El mismo cabello oscuro.
La misma mirada.
Pero detrás de ella había un edificio que Sofía reconocía.
La clínica comunitaria de San Gabriel.
“Esta foto fue tomada después de su funeral”, dijo Sofía.
Mateo no respondió.
“Contéstame.””
Él miró la fotografía.
“Sí.””
Sofía sintió que algo dentro de ella se rompía.
“¿Sabías que estaba viva?””
Mateo respiró profundamente.
“Yo sabía que había desaparecido.””
“No te pregunté eso.””
“Sí.””
“¿Sí qué?””
“Sabía que el ataúd estaba vacío.””
Elena cerró los ojos.
Rafael miró hacia otro lado.
Sofía soltó una risa nerviosa.
“Veintiocho años.””
Mateo no dijo nada.
“Veintiocho años diciéndome que mi mamá murió.””
“Eso fue lo que nos hicieron creer.””
“¿Nos?””
Mateo levantó la mirada.
“Había personas vigilándonos.””
Sofía señaló a Rafael.
“¿Él era una de ellas?””
Rafael respondió:
“No.””
“Entonces, ¿quién?””
Rafael caminó hasta la mesa.
“Marisol tenía una deuda.””
Elena lo miró.
“No hables de cosas que no entiendes.””
Rafael respondió:
“La entendí demasiado bien.””
Sofía puso la fotografía sobre la mesa.
“Quiero toda la verdad.””
Rafael asintió.
“Tu madre descubrió que alguien estaba usando la iglesia para mover dinero.””
Mateo levantó la voz.
“Eso no fue así.””
“¿No?””
“Marisol nunca tuvo pruebas.””
“Sí las tuvo.””
Rafael sacó un cuaderno pequeño.
Lo abrió.
Había nombres.
Fechas.
Cantidades.
Sofía miró la primera página.
Reconoció algunos apellidos de familias de la congregación.
“¿Qué es esto?””
Rafael respondió:
“Los registros que Marisol encontró.””
Elena tomó el cuaderno.
Sus ojos recorrieron las páginas.
“Esto es imposible.””
“Tu mamá pensaba lo mismo.””
Mateo le quitó el cuaderno.
“Esto no prueba nada.””
Rafael señaló una línea.
“Entonces explica eso.””
Mateo miró.
Su rostro cambió.
Sofía se acercó.
“¿Qué dice?””
Mateo cerró el cuaderno.
“Nada.””
Sofía se
lo arrebató.
Leyó.
Había una transferencia de dinero.
Y junto al número de cuenta aparecía el nombre:
*Mateo Santiago.*
Sofía levantó la mirada.
“¿Tú recibiste este dinero?””
Mateo negó.
“Esa cuenta no era mía.””
“Está a tu nombre.””
“Alguien usó mi identidad.””
“¿Quién?””
Mateo guardó silencio.
Rafael respondió:
“Marisol descubrió quién.””
Sofía sintió un escalofrío.
“¿Quién?””
Rafael miró a Elena.
Elena se quedó pálida.
“¿Por qué me miras a mí?””
Rafael no contestó.
Sofía miró a Elena.
“¿Qué sabes?””
“Yo no hice nada.””
“Eso no fue lo que pregunté.””
Elena comenzó a llorar.
“Tu mamá me pidió que guardara una llave.””
Mateo cerró los ojos.
“¿Qué llave?””
Elena sacó una pequeña caja de su bolso.
La abrió.
Dentro había una llave negra.
“Esta.””
Rafael dio un paso atrás.
“Todavía la tienes.””
“Sí.””
“¿Dónde abre?””
Elena respondió:
“En el cementerio.””
Sofía sintió que el aire se le escapaba.
“¿La tumba de
mi mamá?””
Elena asintió.
Mateo dijo rápidamente:
“No vamos.””
Sofía lo enfrentó.
“¿Por qué?””
“Porque no sabes qué hay ahí.””
“Precisamente por eso voy.””
“Puede ser peligroso.””
“¡Toda mi vida fue peligrosa y nadie tuvo la decencia de decírmelo!””
La voz de Sofía llenó la habitación.
Mateo se quedó en silencio.
Rafael tomó su chamarra.
“Vamos.””
Mateo lo detuvo.
“Tú no.””
Rafael lo miró.
“Entonces irán sin saber lo que encontrarán.””
Sofía caminó hacia la puerta.
“Todos vamos.””
Salieron de la guardería.
La congregación seguía esperando.
La señora Ramírez se acercó.
“¿Qué encontraron?””
Sofía la miró.
“Una mentira.””
La mujer comenzó a llorar.
“Mi niña…”
Sofía se detuvo.
“¿Usted sabía algo?””
La señora Ramírez negó.
“Yo sabía que tu mamá tenía miedo.””
“¿De quién?””
La anciana miró hacia Mateo.
“No de él.””
Todos miraron al pastor.
“¿Entonces de quién?””
La señora Ramírez bajó la voz.
“Del hombre que pagó por el silencio de esta iglesia.””
Mateo reaccionó.
“¡No!””
La mujer señaló una de las bancas.
“Está sentado ahí.””
Todos voltearon.
En la última fila había un hombre mayor con traje gris.
Sofía no lo había visto antes.
El hombre se levantó lentamente.
Sonrió.
Y dijo:
“Buenas tardes, Sofía.””
Rafael quedó inmóvil.
Mateo palideció.
Elena apretó la llave.
Sofía preguntó:
“¿Quién es usted?””
El hombre respondió:
“El hombre que conoció a tu madre antes que cualquiera de ellos.””
Mateo caminó hacia él.
“Sal de aquí.””
El hombre sonrió.
“Todavía sigues obedeciendo las órdenes de Marisol, ¿verdad?””
Sofía sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
“¿Cuál era su nombre?””
El hombre respondió:
“Julián.””
Rafael murmuró:
“No puede ser.””
Julián sonrió.
“Sí puedo.””
Capítulo completado
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