Sofia abrió la puerta del dormitorio principal y encendió la luz.
Capítulo 4
Sofia abrió la puerta del dormitorio principal y encendió la luz.
Mateo apareció detrás de ella.
“Sofia, espera.””
Ella siguió caminando.
El cuarto estaba impecable. La cama tendida. Las cortinas cerradas. Una fotografía de su boda descansaba sobre la cómoda, enmarcada en plata.
Sofia pasó frente a ella sin mirarla.
“¿Dónde está?””
Mateo no respondió.
“Te pregunté dónde está la caja.””
“No sé de qué estás hablando.””
Sofia se volvió.
“Entonces ayúdame a buscarla.””
Mateo apretó los dientes.
“Esto es ridículo.””
“¿Ridículo?””
Ella señaló su mejilla.
“Esto es ridículo. ¿El anillo también? ¿El audio? ¿El mensaje de Daniel?””
Mateo bajó la voz.
“Daniel quiere destruirnos.””
Sofia soltó una risa seca.
“¿Todavía puedes decir ‘nosotros’?””
Él dio un paso hacia ella.
“Sí. Porque eres mi esposa.””
Sofia miró el espacio vacío de su dedo anular.
“Ya no sé qué soy para ti.””
“Eres mi familia.””
“Entonces, ¿por qué me trataste como a tu enemiga?””
Mateo no contestó.
Sofia abrió el clóset.
Ropa
negra, camisas perfectamente acomodadas y cajas de zapatos llenaban los estantes.
Mateo permaneció junto a la puerta.
“¿Qué estás buscando exactamente?””
“Una caja azul.””
“No existe.””
Sofia empezó a abrir cajones.
“Qué conveniente.””
“Te estoy diciendo la verdad.””
“Ya no sé reconocerla cuando sale de tu boca.””
Un cajón.
Nada.
Otro.
Nada.
Sofia se arrodilló frente al compartimento inferior del clóset.
Encontró una vieja maleta de cuero.
La sacó.
Mateo reaccionó de inmediato.
“No toques eso.””
Sofia levantó la cabeza.
“¿Por qué?””
“Porque es mío.””
“Perfecto.””
Tiró de la cremallera.
Mateo avanzó.
“Sofia.””
Ella sacó una camisa vieja.
Después un sobre.
Después una carpeta.
Y debajo de todo aquello apareció una pequeña caja rectangular.
Azul oscuro.
Sofia se quedó inmóvil.
Mateo cerró los ojos.
“Déjala.””
Ella tomó la caja.
“Así que sí existe.””
“No sabes lo que significa.””
“Entonces explícamelo.””
Mateo se pasó ambas manos por el cabello.
“Fue antes
de ti.””
Sofia abrió la tapa.
Dentro había fotografías.
Varias.
Algunas antiguas.
Otras recientes.
Sofia tomó la primera.
Era una fotografía de Mateo frente a un restaurante.
A su lado estaba Daniel.
Pero no estaban solos.
Había una mujer entre ambos.
Una mujer que Sofia reconoció inmediatamente.
Se le fue el color del rostro.
“¿Quién es ella?””
Mateo no respondió.
Sofia levantó otra fotografía.
La misma mujer.
Esta vez entrando en un hotel.
La fecha estaba impresa en la esquina.
Tres meses después de la boda.
“Mateo…”
Él tragó saliva.
“Puedo explicarlo.””
“¿Quién es?””
“Se llama Valeria.””
Sofia lo miró.
“¿Valeria qué?””
“Valeria Cruz.””
Sofia dejó la fotografía sobre la cama.
“¿Y qué hacía contigo?””
“Nada.””
“Entonces, ¿por qué hay seis fotos?””
“Daniel las tomó.””
“¿Y por qué las guardaste?””
Mateo permaneció callado.
Sofia empezó a sacar más documentos.
Un recibo.
Una copia de una transferencia bancaria.
Una reserva de
hotel.
Y finalmente un sobre blanco.
Lo abrió.
Dentro había una copia de un documento legal.
Sofia comenzó a leer.
Su expresión cambió.
“Esto…”
Mateo dio un paso adelante.
“No lo leas.””
Ella levantó el documento.
“¿Qué es esto?””
“Sofia.””
“¿Por qué aparece mi firma?””
Mateo se quedó inmóvil.
Sofia volvió a mirar la hoja.
La firma estaba debajo de una declaración que ella jamás había visto.
Su nombre aparecía escrito perfectamente.
Pero ella nunca había firmado aquello.
“Yo no firmé esto.””
Mateo no respondió.
“Mateo, yo no firmé esto.””
“Estabas bajo mucho estrés.””
“¡Yo no firmé esto!””
La puerta del dormitorio se abrió.
Elena apareció.
“¿Qué encontraron?””
Sofia le entregó el documento.
Elena lo leyó.
Su mano empezó a temblar.
“Dios mío…”
Mateo cerró la puerta detrás de ella.
“Abuela…” dijo Camila desde el pasillo.
Elena levantó la mirada.
“Camila, baja.””
“Pero…”
“¡Baja!””
Camila obedeció.
Sofia señaló el documento.
“¿Qué significa?””
Elena miró a Mateo.
“Díselo.””
Mateo se quedó callado.
“¡Díselo!””
Finalmente, él habló.
“Era una autorización.””
“¿Para qué?””
“Para manejar ciertas cuentas.””
Sofia lo miró fijamente.
“¿Mis cuentas?””
Mateo bajó la mirada.
“Algunas.””
Sofia sintió un frío recorrerle el cuerpo.
“¿Cuánto dinero?””
“No es lo que piensas.””
“¿Cuánto?””
Mateo no contestó.
Elena cerró los ojos.
Sofia volvió a mirar el documento.
Entonces encontró una segunda hoja.
La tomó.
Era una transferencia.
A nombre de una empresa.
*Cruz Holdings LLC.*
Sofia levantó lentamente los ojos.
“¿Valeria?””
Mateo no dijo nada.
Y ese silencio fue suficiente.
Sofia dio un paso atrás.
“¿Cuánto dinero le diste?””
“Yo puedo arreglarlo.””
“¿Cuánto?””
Mateo finalmente respondió.
“Ciento ochenta mil.””
Elena se llevó una mano al pecho.
“Mateo…”
Sofia dejó caer los papeles sobre la cama.
“¿Sacaste ciento ochenta mil dólares de nuestras cuentas?””
“Era necesario.””
“¿Para qué?””
Mateo abrió la boca.
Pero antes de responder, el teléfono de Sofia vibró.
Un mensaje nuevo.
Era de un número desconocido.
Solo decía:
*“No le creas. Pregúntale qué pasó con el bebé.””*
Sofia dejó de respirar.
Miró a Mateo.
Capítulo completado
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