La imagen quedó detenida en la pantalla.
Capítulo 4
La imagen quedó detenida en la pantalla.
Durante un instante, nadie respiró.
La persona que aparecía entrando por la puerta principal llevaba una chamarra oscura, una gorra y una mochila sobre un hombro. Aunque la grabación era en blanco y negro, había algo imposible de confundir.
Daniel dio un paso hacia atrás.
—No puede ser.
Clara lo miró.
—¿Quién es?
Daniel no respondió.
Mateo se acercó al televisor.
—Papá, ¿quién es?
Daniel apretó la mandíbula.
Elena aumentó el brillo de la imagen.
La figura levantó una mano para cerrar la puerta.
Entonces el rostro quedó expuesto durante apenas dos segundos.
Mateo palideció.
—Es tío Rafael.
Sofía comenzó a llorar.
Clara se llevó una mano a la boca.
—Pero Rafael está en Phoenix.
Daniel negó lentamente.
—Eso me dijo.
Elena miró la esquina de la pantalla.
—La fecha es de anoche.
Nadie habló.
Mateo se volvió hacia su padre.
—¿Sabías que estaba aquí?
—No.
—¿Seguro?
Daniel levantó la
voz.
—¡Sí!
Mateo dio un paso atrás.
—Entonces, ¿por qué dijiste que estaba en Phoenix?
Daniel quedó en silencio.
Clara se volvió hacia él.
—Daniel.
—Porque Rafael me llamó ayer.
—¿Y?
—Me dijo que estaba fuera de la ciudad.
Elena pausó el video.
—Pues alguien está mintiendo.
Sofía empezó a sollozar más fuerte.
—No quería que pasara esto.
Mateo la miró.
—Entonces dime qué pasó.
—No puedo.
—Sí puedes.
Clara tomó a Sofía del brazo.
—Hija, mírame. ¿Qué te dijo Rafael?
Sofía cerró los ojos.
—Que Mateo iba a destruir nuestra familia.
Mateo soltó una risa amarga.
—¿Qué?
Daniel frunció el ceño.
—¿Cuándo hablaste con Rafael?
Sofía no contestó.
—Sofía —insistió Daniel—. ¿Cuándo?
—Hace dos semanas.
Clara se quedó inmóvil.
—¿Dos semanas?
—Sí.
Mateo miró a Elena.
—Eso fue antes de que comenzaran las acusaciones.
Elena asintió.
—Y antes de que instalaran la cámara del pasillo.
Daniel se volvió rápidamente.
—¿Qué quieres decir con eso?
Elena abrió el historial del sistema.
—La cámara del pasillo fue activada hace quince días.
Daniel miró a Clara.
—Yo no hice eso.
Clara negó con la cabeza.
—Yo tampoco.
Mateo cruzó los brazos.
—¿Quién administra el sistema?
Daniel sacó su teléfono.
—Yo.
Elena tomó aire.
—No solamente tú.
Daniel desbloqueó la aplicación de seguridad.
Apareció una lista de dispositivos autorizados.
Su teléfono.
El teléfono de Clara.
La tablet de la casa.
Y uno más.
*Rafael M.*
Daniel se quedó mirando el nombre.
—¿Cómo…?
Clara arrebató el teléfono.
—¿Rafael tenía acceso?
—No se lo di.
—Entonces alguien se lo dio.
Todos miraron a Sofía.
Ella retrocedió.
—No fui yo.
Mateo negó con la cabeza.
—No necesariamente.
—¿Qué quieres decir?
—Que Rafael pudo haber usado el teléfono de alguien.
Elena volvió al video.
—Esperen.
Todos miraron la pantalla.
La figura de Rafael aparecía caminando por el
comedor.
Se detuvo frente a la mesa.
Sacó algo de su mochila.
Era un pequeño sobre.
Lo dejó debajo de un mantel.
Después miró hacia la cámara.
Daniel se acercó.
—¿Qué dejó?
Elena amplió la imagen.
—No se ve.
Mateo señaló la pantalla.
—Mira su mano.
Rafael había dejado algo más.
Una llave.
Daniel sintió que el estómago se le cerraba.
—Esa es la llave de mi oficina.
Clara lo miró.
—¿Rafael tenía una copia?
—No.
—¿Estás seguro?
Daniel asintió.
—Completamente.
Elena avanzó el video cuadro por cuadro.
Rafael salió del comedor.
La puerta principal se cerró.
Después la imagen mostró diecisiete segundos que no aparecían en el archivo editado.
Elena respiró profundamente.
—Aquí están.
Presionó reproducir.
Durante los primeros segundos no ocurrió nada.
Luego apareció Sofía.
Entró al comedor sola.
Miró hacia la cámara.
Miró alrededor.
Y se agachó para recoger el sobre.
Clara se llevó una mano al pecho.
—Sofía…
La adolescente comenzó a llorar.
—Yo no sabía qué había dentro.
Mateo la miró fijamente.
—¿Abriste el sobre?
Sofía asintió.
—Sí.
—¿Qué decía?
—No puedo…
—¡¿Qué decía?!
Daniel levantó la voz.
—Mateo.
Pero Mateo no apartó la mirada.
Sofía temblaba.
—Decía que si no hacía exactamente lo que me pedían, iban a publicar un video.
Elena pausó la grabación.
—¿Qué video?
Sofía miró a su madre.
Clara estaba blanca.
—¿Qué video, hija?
Sofía bajó la cabeza.
—Uno de Mateo.
Mateo frunció el ceño.
—Yo nunca grabé nada.
—No —dijo Sofía—. Pero alguien te grabó a ti.
Daniel dejó caer lentamente los brazos.
—¿Dónde está ese video?
Sofía no contestó.
—Sofía —dijo Clara—, ¿dónde está?
La adolescente levantó los ojos.
—En la oficina de papá.
Daniel se quedó helado.
—¿Qué?
—Rafael dijo que ahí estaba la copia.
Mateo miró hacia el pasillo.
—Entonces vamos.
Daniel lo agarró del brazo.
—No.
Mateo se soltó.
—¿Por qué?
Daniel miró hacia la puerta de su oficina.
—Porque si Rafael dejó algo ahí…
Se interrumpió.
Un ruido seco vino desde el pasillo.
Todos voltearon.
La puerta de la oficina acababa de abrirse.
Y desde dentro llegó una voz masculina.
—Daniel.
Clara abrazó a Sofía.
Mateo dio un paso adelante.
Elena levantó su teléfono.
Daniel se quedó paralizado.
La voz volvió a hablar.
—Si quieres saber por qué acusaron a tu hijo…
Capítulo completado
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