Daniel permaneció inmóvil frente a la puerta.
Capítulo 5
Daniel permaneció inmóvil frente a la puerta.
La luz del pasillo entraba apenas en la oficina.
Nadie podía ver quién estaba dentro.
Mateo habló primero.
—No vas a entrar solo.
Daniel levantó una mano.
—Quédate aquí.
—No.
—Mateo.
—Después de todo lo que pasó, no pienso dejarte entrar solo con quien sea que esté ahí.
Clara tomó a Sofía del hombro.
—Daniel, llama a la policía.
La voz desde la oficina soltó una risa baja.
—Siempre tan predecible, Clara.
Clara palideció.
—Rafael.
Daniel cerró los ojos.
—Rafael, sal.
—No.
—¡Sal ahora!
—Primero tienes que escucharme.
Mateo miró a Elena.
—Graba todo.
Elena asintió.
Daniel dio un paso hacia la puerta.
—¿Por qué hiciste esto?
Rafael respondió desde la oscuridad.
—Yo no hice que Sofía mintiera.
Sofía comenzó a llorar.
—Sí lo hiciste.
La voz quedó en silencio.
Daniel miró a su hija política.
—Sofía, quédate conmigo.
—No puedo.
—Sí puedes.
—¡No! —gritó ella—. ¡No puedo seguir mintiendo!
Clara se volvió hacia ella.
—¿Qué más no nos has dicho?
Sofía se cubrió la cara.
—Todo empezó con el teléfono de Mateo.
Mateo frunció el ceño.
—¿Mi teléfono?
—Rafael encontró algo.
—¿Qué?
Sofía respiró profundamente.
—Una conversación.
Mateo negó con la cabeza.
—¿Qué conversación?
—Con tu mamá.
Clara se quedó inmóvil.
Daniel la miró.
—¿Con qué mamá?
Mateo también la miró.
Sofía señaló a Clara.
—Con ella.
Clara negó rápidamente.
—Yo jamás hablé con Mateo a escondidas.
Mateo frunció el ceño.
—Sí hablaste conmigo.
Clara se quedó sin palabras.
—¿Cuándo?
Mateo sacó su teléfono.
—Hace tres semanas.
Daniel lo miró.
—¿Sobre qué?
Mateo dudó.
—Sobre mi futuro.
Clara intervino.
—Daniel, no era nada malo.
—Entonces ¿por qué Rafael estaba usando esa conversación?
Clara no respondió.
Daniel miró hacia la oficina.
—Rafael, sal.
La puerta se abrió lentamente.
Rafael apareció.
Era un hombre de unos cuarenta años, mexicano-americano, rostro cansado
y barba de varios días. Levantó ambas manos.
—No quiero pelear.
Daniel lo miró con furia.
—Entraste a mi casa.
—Porque nadie iba a escucharme.
—Manipulaste a Sofía.
—No.
—¡La amenazaste!
Rafael miró a Sofía.
—Yo intenté protegerla.
Mateo dio un paso adelante.
—¿De mí?
Rafael lo miró.
—No.
La respuesta sorprendió a todos.
—Entonces ¿de quién? —preguntó Mateo.
Rafael tragó saliva.
—De Daniel.
Daniel se quedó completamente quieto.
—¿Qué?
Rafael señaló hacia la oficina.
—Entra.
—Habla aquí.
—No.
—¿Por qué?
—Porque hay cosas que no puedo decir delante de ellos.
Mateo cruzó los brazos.
—Ya nos involucraste.
Rafael bajó la mirada.
—Lo sé.
Daniel entró finalmente.
Los demás permanecieron en la puerta.
La oficina estaba impecable.
Demasiado impecable.
Rafael señaló el escritorio.
—Abre el segundo cajón.
Daniel lo abrió.
Había una caja negra.
La levantó.
—¿Qué es?
—Ábrela.
Daniel quitó la tapa.
Dentro había un teléfono viejo, una memoria
USB y varias fotografías.
Tomó una de ellas.
Era Mateo.
Estaba saliendo de una escuela.
Otra.
Mateo en un estacionamiento.
Otra.
Mateo hablando con una mujer que Daniel no reconocía.
—¿Quién es ella?
Rafael no respondió.
Daniel tomó la memoria USB.
—¿Qué hay aquí?
—El video.
—¿El de Mateo?
Rafael asintió.
Daniel conectó la memoria a su computadora.
La pantalla mostró una grabación.
Mateo estaba sentado en una cafetería.
Frente a él estaba la misma mujer de las fotografías.
Daniel acercó el rostro a la pantalla.
Mateo hablaba.
—No puedo seguir ocultándolo.
La mujer respondió algo.
El audio era bajo.
Daniel subió el volumen.
—Tu papá no puede enterarse todavía.
Mateo respondió:
—Pero Clara merece saber la verdad.
Daniel detuvo el video.
Se giró lentamente.
—¿Qué verdad?
Rafael no contestó.
—¡¿Qué verdad?!
Rafael cerró los ojos.
—Que Mateo no es quien tú crees.
Mateo escuchó desde la puerta.
—¿Qué significa eso?
Daniel salió de la oficina.
—Rafael.
—Ya no puedo seguir protegiéndolos.
Mateo miró la pantalla.
—Ponlo otra vez.
Daniel no se movió.
—Papá.
—Mateo…
—Ponlo.
Daniel volvió a reproducir el video.
La mujer de la cafetería hablaba.
Esta vez se escuchó claramente.
—Si Daniel descubre quién eres realmente, va a perderlo todo.
Mateo cerró los ojos.
Clara miró a Daniel.
—¿Quién es ella?
Rafael respondió:
—Marisol.
Daniel se quedó confundido.
—¿Quién demonios es Marisol?
Rafael señaló las fotografías.
—La mujer que estuvo contigo aquella noche.
Clara dejó escapar el aire.
—¿Qué noche?
Daniel no contestó.
Mateo abrió los ojos.
—Papá, ¿de qué está hablando?
Rafael dio un paso hacia él.
—De la noche en que murió tu mamá.
Mateo se quedó congelado.
Daniel bajó la mirada.
Clara retrocedió.
—Daniel…
Rafael continuó:
—Tu hijo descubrió que la muerte de su madre no fue un accidente.
Nadie habló.
Mateo miró a su padre.
—¿Qué?
Daniel tenía los ojos llenos de lágrimas.
—No quería que lo supieras.
—¿Qué no quería que supiera?
—Mateo…
—¡Dímelo!
Rafael miró hacia la computadora.
—El video completo tiene una parte que todavía no viste.
Daniel negó.
—No.
Rafael lo miró.
—Sí.
—No aquí.
—Aquí empezó todo.
Entonces la computadora emitió un sonido.
Un nuevo archivo apareció automáticamente.
*VIDEO_004 — 11:59 PM.*
Elena miró la pantalla.
—Hay otro.
Rafael se quedó pálido.
—Ese archivo no debería existir.
Mateo se acercó.
—¿Por qué?
Capítulo completado
Has llegado al final de este capítulo.
Seguir leyendo
Más mundos en los que perderte después de este capítulo.